BEN FROST
Desde que en los 80 el graffiti diera el salto a las galerías de arte, ningún movimiento de artistas había hecho aparición en el panorama plastico actual de la forma que lo ha hecho el pop-surrealismo.
Pintores, diseñadores, ilustradores,… y toda la fauna que invade las ciudades del mundo a acabado harta de la utilización de sus ideas como objetivos del mercado, pero al mismo tiempo se han criado en este mundo, participan, critican y forman parte de el sin tapujos.
Artistas como Mark Ryden, Camille Rose García, o Scott Musgrove analizan los personajes infantiles que han marcado su existencia y los contraponen a mundos inexistentes de su propia existencia, las imágenes de una técnica impresionante, resultan profundamente turbadoras al contener temáticas infantiles e inocentes junto a motivos irreverentes, sexuales o propios del mundo de los adultos. Se puede decir que se trata de plasmar en forma pictórica lo que la industria hace con la ilusión, convertirla en objetos-fetiche, o punto de deseo con contenido diferente, se pasa de la cultura pop a un sin sentido, un surrealismo.
Bueno quizás, uno de los artistas menos conocidos y que en cierto modo ofrece una visión diferente del resto de pintores que se unen en este “movimiento”, es Ben Frost.
Este Australiano, a diferencia del resto, no camina hacia la perfección técnica de la pintura, y se aprovecha más del carácter popero de sus obras, nos muestra imágenes desconcertantes al fusionar imágenes de tipo sexual con la de personajes de un corte tan “naïf” como son los pitufos o kitty. Juega con la sangre con los órganos pero siempre con un estilo más propio de Roy Lichtenstein.
En sus obras juega con la aglomeración de formas, la repetición, la imposición de color, la mala impresión, y los tonos propios de los comics de los años 70, Frost asemeja su obra más a la del grafismo y no tanto al de la pintura renacentista, lo que hace de su obra más pop que la del resto de sus compañeros.Un toque grafitero en su manera de utilizar el color que impone encima de las figuras, y unos gruesos perfiles aumentan esa sensación de collage inexistente entre un mundo adulto, uno infantil y uno economico.
Solo falta que a alguien se le ocurra dentro de poco hacer alguna exposición creca de aquí para poder disfrutar de todo esto.

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